Pereza [Los siete pecados capitales]
Pereza [Los siete pecados capitales]

Pereza [Los siete pecados capitales]

De todos los tipos de pereza que existen, la más deplorable y dañina es la pereza mental.

Estamos rodeados de medios que ponen a nuestro alcance tanta información tan predigerida y tergiversada que no nos brinda siquiera la oportunidad de pensar y razonar lo que estamos viendo o escuchando. De la programación a la que nos exponen las televisoras locales, ni hablar: telenovelas, programas de concursos, noticiarios del corazón y otras clases de basura hacen que sus consumidores pierdan el interés en otras actividades que seguramente les serían más provechosas para matar un buen rato de ocio.

Pereza

Cuando se cae en eso, resulta sumamente difícil salir de ahí y conocemos a la perfección las consecuencias.

¿Cuántas familias han perdido la sana costumbre de conversar a la hora de la comida a cambio de tener la televisión en el comedor a la hora de las telenovelas? Todos miran embobados, se concentran más en la basura que ofrece que en preguntar a los demás cómo estuvo su día, qué les preocupa, qué les hace felices, qué necesitan.

De cultivar el intelecto durante nuestros ratos de ocio tampoco se pueden decir demasiadas cosas alentadoras. Mucha gente presta más atención a situaciones triviales e intrascendentes que a lo que realmente vale la pena; en lugar de leer, de salir a conocer su ciudad y sus cientos de sitios interesantes culturalmente hablando, prefiere quedarse en casa embobada con toda la porquería que le suministra diariamente la televisión, revolcándose en el conformismo y el estancamiento intelectual. Siendo débiles de pensamiento, perdemos paulatinamente la facultad de cuestionar, de discernir, de analizar.

Manipulación religiosa

Una población intelectualmente aletargada es muy vulnerable a la influencia de gente que pretende hacerla sentir culpable por disfrutar el descanso que todos, en algún momento, necesitamos. Se trata de aquellos que, por medio de imposiciones disfrazadas de sugerencias, consiguen que el espíritu de sus víctimas se vuelva torpe y manejable, les quita la iniciativa de abrir sus mentes, ya que, como es bien sabido, un pueblo ignorante es mucho más sencillo de manipular por quienes están interesados en que el rebaño se mantenga incapaz de razonar y siga siendo siempre fiel.


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