Recuerdos infantiles de la mano de Guillaume Reymond
Recuerdos infantiles de la mano de Guillaume Reymond

Recuerdos infantiles de la mano de Guillaume Reymond

¡A ver, esos que fueron niños en los ochentas, que levanten la mano!


Este bonito recuerdo fue traído hasta ustedes por cortesía de Guillaume Reymond. Sus videos adquieren un plus cuando uno voltea hacia atrás y ve que, a tantos años de distancia, los juegos que llenaron nuestras tardes de diversión siguen trayéndonos una sonrisa.

Aquí es donde debía entrar un speech acerca de que todos debemos mantener vivo al niño interno, que deberíamos volver a ver la vida con la simplicidad que dan los ojos de un tierno infante, blah-blah-bleh. Sin embargo, la realidad es que algunos ya estamos viejos, tenemos muchísimas cosas de qué preocuparnos y jugar a volver a la infancia no es algo muy práctico ni mucho menos productivo (ya me imagino cómo me iría si dejara de venir a la oficina para irme, no sé…a jugar fútbol o algo).

El tiempo no va a volver, ni las circunstancias, ni las personas que estuvieron ahí con nosotros y por N motivo ya no están o, igual que nosotros, han cambiado. Tenemos metas que cumplir, cuentas que pagar, un estilo de vida que usualmente cuesta cierta cantidad de dinero mantener a flote.

Juguetes mexicanos

Sin embargo, aunque no se puede pretender vivir de recuerdos, por supuesto que se atesoran. Yo me quedo con la hora del recreo y sus inseparables compañeros: la torta de jamón y el Boing de triangulito; los apapachos de mi abuelita que usualmente llegaban después de que mis papás me cagotearan bien y bonito (pero era chistoso porque primero me consolaba y después me regañaba también, jaja); despertar temprano los sábados por la mañana para ver a los Caballeros de Zodiaco por Caritele, los Raspatitos de la tienda de la esquina en esas tardes calurosas, las desmañanadas ansiosas del 25 de diciembre y el 6 de enero para ver qué juguetes me trajeron Santa Claus o los Reyes Magos, la rueda de San Miguel, los cassettes de Cri-Cri, Las Mañanitas de Pedro Infante en el estéreo antes de ir a la escuela el día de mi cumpleaños y el pastel en casa a la hora de la cena.

Son cosas que, en cierta medida, contribuyeron a formarme y a la vez, paradójicamente, ya no pueden regresar y cambiarme a mí mismo, ni mis circunstancias. Pero qué bonito se siente permitirme de vez en vez sacar todo eso del cajón de los recuerdos, desempolvarlo, acariciarlo con la mente y volver a guardarlo para continuar con mi cotidianidad.


¿Me invitas un cafecito?

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

0
Tu carrito
  • No products in the cart.