El robotito de mamá
El robotito de mamá

El robotito de mamá

Hace muchos años, después de que me bolsearan de una forma por demás infame en el Metrobús y me robaran el celular sin darme cuenta siquiera de quién fue, mi mamá me acompañó a comprar uno nuevo. Fuimos juntos porque hizo favor de prestarme su tarjeta para sacarlo a mensualidades y no tener que desembolsar todo el dinero de un jalón.

Caminábamos sobre una calle del centro, no recuerdo cuál, cuando algo llamó su atención. Un chico vendía juguetes sobre una mesita en la banqueta; entre ellos, algunos muñequitos de cuerda.

Robotito

Se quedó un rato pensando si lo compraba hasta que por fin se decidió. Sacó quince pesos de su monedero, pagó y lo guardó en su bolsa mientras decía “Está bonito, me gusta para que se entretengan los chamacos” (no supe en principio de qué chamacos hablaba porque ya todos somos adultos, pero me encanta que siga viéndonos como sus niños). Me odié por no tener siquiera un par de monedas disponibles en ese momento.

Cuando regresamos a casa y nos sentamos a descansar, sacó su robot de la bolsa, le dio cuerda y lo puso sobre la mesa del comedor. Parecía una niña chiquita, le daba cuerda nuevamente y lo ponía a bailar; así pasó un rato más.

De verdad se estaba divirtiendo; me dieron muchas ganas de abrazarla, pero la verdad es que verla disfrutar algo así de pequeño y simple me enterneció tanto que supe que si lo hacía terminaría llorando sobre su hombro y no quería eso.

Ver así a mamá me hizo pensar en lo tonto que se vuelve uno a veces cuando pierde algún bien material y lo primero que le viene a la mente es el costo del mismo, lo difícil que resulta a veces recuperarse y hacer una nueva compra, y en lo simples que pueden llegar a ser las cosas que hacen felices a las personas.

Me acordé de mi abuelita materna, originaria de Oaxaca, quien alguna vez contó que, cuando niña, la onda era tener una muñeca hecha con trapo y hojas secas de tamal y eso la hacía muy feliz. Me quedo pensando también en cuántas veces me he prometido a mí mismo tener más detalles para con mi familia y por X o Y razón no lo he cumplido con la frecuencia que quisiera. Lo único por hacer es retomar esa promesa y cumplirla dentro de lo posible antes de que se haga tarde y después ¿Para qué llevar flores a un pedazo de cemento que no podrá disfrutar su aroma ni apreciar sus colores?

No hay nada como el aquí y el ahora.


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