David Gilmour, el genio expresado a través de seis cuerdas
David Gilmour, el genio expresado a través de seis cuerdas

David Gilmour, el genio expresado a través de seis cuerdas

No se puede pensar en Pink Floyd sin que David Gilmour venga a la mente. Uno de los mejores guitarristas en la historia del rock —dato más que confirmado por la revista Rolling Stone, que lo posiciona en el lugar 14 de su Top100 de guitarristas de todos los tiempos, además de figurar en el octavo escalón de la lista realizada por Total Guitar—, su calidad y talento lo han llevado no sólo a figurar en estas y otras prestigiosas publicaciones especializadas, sino a desarrollar uno de los estilos más identificables por cualquiera que esté ligeramente familiarizado con los grandes clásicos.

David Gilmour

Es imposible escuchar uno de sus solos de guitarra sin pensar enseguida “Ese es David Gilmour, ¡Sin duda!” a pesar de que suele improvisar y recomponer sobre la marcha, durante cualquiera de sus presentaciones en vivo, el requinto que se le antoje de entre todas las maravillas que ha creado en el estudio.


La parsimonia —que en más de una ocasión alcanza tintes de deliciosa lentitud al más puro estilo bluesero—, la sensualidad y —me atrevería a decir— abierta cachondería en su forma de tocar la de seis cuerdas, lo ponen en un pedestal no arriba ni debajo, pero sí muy aparte de otros grandes guitarristas. Dave es Dave, tiene su sitio especial en el firmamento del rock y no hay manera de confundir lo que él hace con lo de alguien más, ni siquiera en broma o por error.

No es casualidad que otra afamada publicación, Guitar World, considere a tres de sus ejecuciones entre los mejores 100 guitar solos de todos los tiempos. Estoy seguro, querido lector, de que estarás de acuerdo con esta pequeña selección:




Nada mal para alguien que dio sus primeros pasos dentro del vasto mundo del rock en 1964 de la mano de Jokers Wild —una pequeña banda con la que alcanzó a grabar un sencillo y un álbum, con un tiraje de apenas 15 copias de cada uno—, que anduvo de mochilazo con su viejo amigo Syd Barrett por España y Francia haciendo covers de The Beatles a cambio de algunas monedas en calles y bares, y que llegó a la banda con la que alcanzaría la fama mundial prácticamente de rebote.

Se puede alabar de muchas formas una carrera que ha sido un ascenso constante desde sus tiempos en Pink Floyd, incluidas las disputas con Roger Waters, su forma de anteponer lo lírico a lo instrumental, los jalones de greñas, los dimes y diretes, así como las constantes afirmaciones de que Pink Floyd jamás volvería a reunirse aunque todos sabemos lo que sucedió aquella única y especial ocasión del Live 8 en 2005 —y todos los que amamos la buena música lo agradecemos—.


Sin embargo, en aras de la objetividad, hay que saber apreciar y disfrutar también el lado flaco, ese “punto débil” que mantiene a Dave dentro de su condición humana y tangible pese a ser prácticamente un semidiós.

David Gilmour siempre tuvo toda la razón respecto a las cosas que le disgustaban de Pink Floyd, sobre todo el hecho de que Waters hizo muy de lado la parte instrumental de la agrupación para centrarse casi por completo en las letras. El mensaje desplazó al medio y es normal que Dave se sintiera frustrado por no poder explotar completamente su creatividad. Pero, por otra parte, también hay que admitir que, si bien el genio guitarrístico de Gilmour es supremo, su lado lírico sí queda a deber dado que las rolas compuestas únicamente por él durante su estancia en Pink Floyd son escasas y la cosa no cambió mucho en su faceta como solista, pues generalmente las arma con ayuda o de plano alguien más se las compone y él se encarga “solamente” de imprimirles su virtuosismo instrumental y de cantar. Eso sí, las que hizo él solito son un auténtico deleite que nada le piden a las mejores composiciones de su archirrival y compadre. Para muestra, esta pequeña selección que hice para que la disfrutes:



Tal vez las letras no sea lo suyo, pero compensa con creces gracias a su talante multinstrumentista (toca el bajo, los teclados, la batería, la armónica y el saxofón) y su trabajo como productor e ingeniero de sonido, rol que ha desempeñado para gente como Paul McCartney, Pete Townshend, Eric Clapton, Tom Jones, B.B. King e incluso el mismísimo Alan Parsons, quien una que otra cosita sabe sobre esos menesteres.

Estoy seguro de que si alguien preguntara a David Gilmour qué es él sin Pink Floyd (al más puro estilo de Steve Rogers a Tony Stark en Avengers), muy probablemente respondería:

“Filántropo, ateo, izquierdista, socialista, piloto aviador, miembro del Salón de la Fama del Rock and Roll desde 2006”

Nada mal para un chico sencillo de Cambridge que inició su sueño tocando la guitarra que nunca devolvió a un vecino.

Y —como ya vimos— ya que es imposible hablar de David Gilmour sin traer a colación a Roger Waters, ¿Qué tal este artículo dedicado al bajista de Pink Floyd?


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