Recuerdos
Recuerdos

Recuerdos

Hacía mucho tiempo que no iba a una casa que tienen mis papás, ubicada lejos de donde vivo actualmente, donde solíamos pasar los fines de semana cuando yo era niño. Cierta mañana de un día cualquiera sin nada que hacer decidí ir a buscar algunas cosas que tenía allá.

El recorrido no ofrecía ninguna novedad desde la última ocasión que tomé camino para allá: los pasajeros, como siempre, íbamos concentrados en nuestros respectivos asuntos. Sonaba Walk Away de Franz Ferdinand en mis audífonos, haciéndome recordar las veces que me dirigía hacia ese lugar con mis padres y mi hermana. Siempre nos acomodábamos así en los asientos: mi papá se sentaba con mi hermana y mi mamá, conmigo. Me encantaba ir junto a la ventanilla y ver el camino que, aunque era monótono ya desde entonces, siempre me hacía pensar. En cualquier cosa, cualquier persona…sólo pensar.


Fin del flashback.

Llegué a mi destino y lo encontré irreconocible: ahora hay supermercados, tiendas, bancos, casas de empeño. Encontré a la vuelta de la esquina el tianguis donde desayunábamos consomé y tacos de barbacoa y panza, tan bullicioso como antaño. Caminé, siempre con los audífonos puestos, pero escuchando a medias el entorno.

“Joven, joven, llévele rosas a la señorita”…”Joven, cómpreme un cachito, no sea así, éste es el bueno, verá que se hace rico”.

La mancha urbana absorbe cada vez más este lugar, que de por sí no era ninguna clase de Shangri-La, pensé instantes antes de llegar a casa.

Abrí la puerta. Telarañas, oscuridad y polvo me dieron la bienvenida antes de recorrer con la vista los sillones, el librero, el refrigerador que antes me parecía enorme y ahora soy 20 centímetros más alto que él. Los viejos discos de mi papá, entre los que hay algunas joyas que sobreviven el paso inclemente del tiempo.

El primer lugar al que me dirigí fue a mi recámara. O mejor dicho, nuestra recámara; mi hermana y yo dormíamos en una litera. Hay un ropero con papeles de los viejos y un juguetero. Me acerqué a él para encontrar a varios amigos que dejé olvidados durante muchos años: dinosaurios, autos clásicos de fricción, libros infantiles. ¡Cuántos recuerdos!

También estaba la ropa que usaba en ese entonces (con razón no conseguía novia). Muchas fotografías. Vi a mi abuela cuando era joven, a mi papá antes de que las canas empezaran a cubrir su cabello rojo, a mis tías cuando estaban sanas, a mi abuelo antes de que el cáncer de páncreas nos lo arrebatara.

Destapé una cerveza de las que compré en la tienda a la entrada de la unidad habitacional; sabía que iba a necesitarlas. Ese primer trago largo, deseoso y sediento, siempre es el mejor. Lo acompañé con un cigarro por un rato antes de decidir que, entre tantos recuerdos, ya no sabía ni a qué fui. Eso sí, no salí con las manos vacías; El Padrino de Mario Puzo y un vinilo de The Beatles en directo desde el Teatro Adriano en Roma hicieron conmigo el viaje de regreso, por el puro gusto de llevarme una prueba de que la nostalgia se adueñó por completo de mí por unas horas.

Recuerdos


¿Me donas un cafecito? Click en este botón

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

0
Tu carrito
  • No products in the cart.