Los antiguos celtas creían que durante el Samhain —festividad predecesora del All Hallow’s Eve y, posteriormente, del Halloween— la frontera entre el mundo de los vivos y el de los muertos se adelgazaba, permitiendo el paso de espíritus (buenos y malos) hacia este plano.

Para ahuyentar a los segundos, solían usar trajes y máscaras, con el propósito de evitar ser dañados por ellos. En cambio, las almas de familiares y amigos eran homenajeadas a través de cantos, comida y bebida.

Esta macabra noche incita a los curiosos y temerarios, a los ávidos de emociones que posiblemente no podremos controlar, a sentarnos alrededor de la hoguera para compartir historias sobre brujas, demonios, vampiros, nahuales, hadas y tantas otras criaturas que acechan al incauto que, escudado en la falsa seguridad de la negación —“Yo no creo en esas cosas, a mí no me va a pasar nada”— esboza una sonrisita nerviosa mientras seca el sudor de sus manos dentro de los bolsillos del pantalón.

Las mascaradas y tertulias agasajan a otros espíritus chocarreros: los que viven dentro de cada uno de nosotros y, en estas fechas, nos incitan a reunirnos para dejar salir, bajo el anonimato que nos confiere meternos dentro de la piel de seres terroríficos, los impulsos que han sido condenados por aquellos especializados en juzgar todo lo que no conviene a sus intereses (¡Ah, bendita Iglesia Católica, Apostólica y Romana!). Así, por una noche, la lujuria, la soberbia, la pereza, la gula, la envidia y la avaricia —la ira no está invitada, es malacopa y nos puede arruinar la fiesta— nos incitan a bailar alrededor de la hoguera, y ¿qué mejor que hacerlo al ritmo de buena música?

Ahora…si lo tuyo no son las fiestas ni el bailongo, ¡No te vayas! Que también traje algo para satisfacer esa curiosidad mórbida que te ha hecho llegar a este breve pero cariñoso escrito.

Te comparto un rico surtido de creadores de contenido (me caga el término, pero bueh, te prometo que estos son de los que valen la pena, no de los tarados que bailan y hacen lip sync en TikTok) especializados en terror que seguro disfrutarás, amén de las historias por sí mismas, por el trabajo narrativo de cada uno de ellos. No es sencillo encontrar el timbre de voz, las inflexiones y el vocabulario correctos para meterle miedo por los oídos a la gente, así que te sugiero acomodarte en tu sofá consentido, ponerte audífonos, escuchar con atención y sobre todo, pase lo que pase, no voltees hacia la ventana.

¿Ya conocías a alguno de estos creadores de contenido? Cuéntame en los comentarios qué te parecen y por supuesto, si conoces otro que quieras recomendarme, es bienvenido.

¡Feliz Halloween!

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